En aquel preciso momento, el soldado que estaba en la parte delantera de la plataforma apagando la flecha ardiendo con la cantimplora lanzó un resoplido. Soltó la cantimplora y retrocedió tambaleándose y moviendo los brazos en un desesperado intento de agarrar el asta que le sobresalía de la espalda, justo debajo del omóplato.
- ¡Cuidado! - gritó Cato -. ¡Cogedlo!
Pero fue demasiado tarde. El auxiliar dio con las pantorrillas en el borde de la almena y cayó hacia atrás, sacudiendo los brazos y desapareció. Su grito fue breve, gracias a los diosos, pero todos oyeron el fuerte golpe sordo de su caída al pie de la torre. El optio apretó los dientes, se dirigió rápidamente al frente de la ballesta, arrancó la felcha ardiendo y la arrojó nuevamente hacia el enemigo, luego volvió a situarse detrás del arma y dijo a sus hombres con un gruñido:
- ¡El próximo hijo de puta que permita que le suceda esto recibirá una sanción! ¡No lo olvidéis, mirad dónde ponéis los malditos pies!
Centurión - Simon Scarrow
- ¡Cuidado! - gritó Cato -. ¡Cogedlo!
Pero fue demasiado tarde. El auxiliar dio con las pantorrillas en el borde de la almena y cayó hacia atrás, sacudiendo los brazos y desapareció. Su grito fue breve, gracias a los diosos, pero todos oyeron el fuerte golpe sordo de su caída al pie de la torre. El optio apretó los dientes, se dirigió rápidamente al frente de la ballesta, arrancó la felcha ardiendo y la arrojó nuevamente hacia el enemigo, luego volvió a situarse detrás del arma y dijo a sus hombres con un gruñido:
- ¡El próximo hijo de puta que permita que le suceda esto recibirá una sanción! ¡No lo olvidéis, mirad dónde ponéis los malditos pies!
Centurión - Simon Scarrow
